No mate al mate

Para que todos los seres humanos, en honor a la Pachamama y a las tradiciones nobles, se conviertan en maravillosos yerbateros. 

Tomo mate, como mínimo, dos veces por día. A la mañana, infaltable. Si puedo, también a la tarde. Me gusta el ritual. Me satisface sentirme, después de muchos años de termos y yerbas, una experta en la cuestión. Parece todo muy fácil, como soplar y hacer botellas. Pero no, tiene sus secretillos y dobladillos.

Barack tomando mate

-“Antes de que rompa el hervor” puede ser el título de una novela romántica. Si quieren exactitud científica, el agua debe estar entre los 70 y 75 grados. Para esto, ayudan enormemente las pavas eléctricas (que, según una amiga, son el mejor invento después de la rueda y la penicilina). El que se equivoque en este primer paso quemará el mate, ennegrecerá la yerba y hará que el sabor sea espantoso. Hágalo bien (tampoco es física cuántica) porque dado este infortunado caso habrá que desechar la yerba y recomenzar. Una vez escuché, no recuerdo dónde, que no sirve la trampa de agregar agua fría a la que ya hirvió. No sé si es correcto, pero intuyo que sí.

-Tener una buena yerba. Que sea orgánica, no muy amarga para mi gusto (pero si usted es amargo, compre una que se adecúe a su carácter) y sin polvo, que molesta y tapa el filtro.

-Poseer una bombilla* seria. A esto no se le suele dar mucha importancia, pero es clave. Nada de esas bombillas berretas, de chapa deslustrada, usualmente pintadas de colores chillones, que terminan en un rulito y queman los labios a la primera succión. Evitar aquellas que no cuentan con una separación con la boquilla porque ocasionan, nuevamente, la quemazón bucal. No comprar las que tienen algún sistema con resortes, que siempre terminan disparados como serpentina. Las bombillas que permiten quitar la parte inferior, que se abre en dos gajos, se ensucian rápidamente y en algún momento se vuelven enenclenques. Elegir, entonces, las bombillas de acero inoxidable, preferentemente que terminan con una leve curvatura (difíciles de conseguir: paciencia) y  permiten colocar el utensilio bien hacia el fondo del montículo yerbatero sin mover demasiado la yerba. No poseen métodos para desarticularla, lo cual les da solidez y una vida útil de 300 años. Además, suelen ser bonitas, imponentes, a veces adornadas con algún firulete que rememora épocas coloniales. Se elevan sobre el mate con elegancia, como una serpiente bella y atenta, e invitan a succionarlas con empeño.

-Comprar un mate (me niego a decirle “porongo”) razonable. Nada de vidrio, cerámica o chapa. Nada con dibujitos de Mafalda o Milo Lockett. El mate serio está hecho de cuero con costuras firmes. Puede ser de madera o de calabaza. Tiene que ser grande, profundo y de boca ancha, lo que permite una buena colocación de la bombilla, garantiza un prolongado chorro de agua y la capacidad de darle al tomador una buena cantidad de infusión. Su interior debe ser uniforme y armónico. Quiero decir, la calabaza o madera tienen que conformar un recipiente que no tenga curvaturas o pozos desprolijos. El mate es grande y redondito.

Mate dibujito.jpg

El curado: al mate hay que “curarlo”, como si se hubiera caído y lastimado. Ponerle yerba nueva, echarle agua tibia y dejarlo reposar 24 hs. Desechar esa yerba y listo, ya está sanado, contento y con ganas de que lo llenen de yerba y lo manoseen.

El “mate mágico”: ese cuya bombilla tiene adjunto, en su cola, un disco circular que permite, una vez finalizado el ritual, quitar la yerba usada fácilmente. No tiene nada de mágico. Al principio lo parece, uno se asombra y festeja el hecho de no tener que vaciar la yerba lavada (siempre la peor parte del ritual). Pero no. Sus bombillas no suelen reunir los requisitos ya mencionados y se rompen al tercer o cuarto uso. Es ley, créame. No lo compre ni se lo regale a nadie.

El mate de goma también pretende facilitar la instancia del lavado. Son un asco, qué quiere que le diga. Para empezar, queman las manos. Queman. Las. Manos. Y la verdad es que no facilitan el vaciado que prometen. Sí, sale despedida gran cantidad de la yerba, pero mucha queda atrapada en la parte superior de estos elementos, que poseen un techito engomado. Yo sé que los creadores de estos mates ganaron algún tipo de premio de diseño, pero justamente: son estéticos, cancheros, modernos, prometen milagros…pero no son funcionales. Desilusionan enseguida al matero frecuente. Además, como los mates “mágicos”, están basados en la premisa de la vagancia. Señores, al mate hay que vaciarlo con las manos, con esfuerzo y con empeño.

El termo. No cebe con la pava (tradicional o eléctrica) porque el agua se enfría rápidamente. Evite los termos plásticos cuyo interior está hecho de vidrio. Algún día se va a caer y su interior estallará en pedazos. Pasa en las mejores familias. No hay posibilidad de remendar la situación: hay que tirarlo. Dinero (y mate) perdidos. Un ritual hecho añicos. Priorizamos los termos de acero inoxidable. Dos alertas. Primero: sus picos, esos que hay que apretar y desapretar constantemente, en algún momento fallan. No es grave y no son caros, pero qué molestia. Segundo: dicen por ahí, fuentes confiables, que muchos de estos termos, usualmente procedentes de china, contienen elementos tóxicos. Termos “truchos”. Plomo, arsénico, mercurio, cadmio, cobre. No se alarme. No, sí, alármese. Gaste unos pesos de más y no se intoxique. Los permitidos, dicen, tienen una etiqueta de la AFIP en la base que acredita su ingreso legal, y su interior debe ser liso y sin costuras. Ábralo y fíjese. No se preocupe pensando que ha estado sometido a años de agentes tóxicos. Compre un termo como la gente y cebe tranquilo. Personalmente, prefiero los de marca Stanley (nadie me está pagando para que promocione esta etiqueta; de todas maneras, si Mr. Stanley quiere hacerlo y proveerme de termos indestructibles para beneficiar a la humanidad, bienvenido sea). Dicen que son los mejores del mundo y que mantienen la temperatura del agua por 24 horas. Yo lo comprobé. Son más caros que el resto. Funcionan bien desde 1913. Usted decidirá.

El cuidado de la bombilla. No todos saben esto, me parece. Pero hay un método muy eficaz para la manutención del sorbete matero. Agua hirviendo con bicarbonato de sodio por 10 minutitos, cada 3 meses. Verá que el agua se llenará de restos negros, asquerosos. Eso es bueno. La bombilla estará limpia y se desprenderá de esa resaca que se acumula después de varios usos y que le da al mate un sabor amargo. Mucha gente le coloca a la base de la bombilla una red blanca que oficia de filtro al filtro y que se ata con un precinto. No lo aconsejo. Primero, porque si la yerba es buena y no tiene demasiado polvo este elmento es innecesario. Segundo, porque con el uso, estos filtros se van poniendo verdes, lo cual no sólo es poco elegante, sino que, además, acumula mugre. Contraproducente.

El preparado. Ponerle yerba al mate, más o menos llenarlo 3/4.  Invertirlo, taparlo con la mano y sacudirlo. Esto le quita el polvo y evita el tapado del filtro. Verá restos de polvillo en su mano, que hará volar con un soplido de Mago. De todas maneras, si sigue mi consejo, la yerba buena tiene que desprender muy poco. Después ladee el mate hacia un lado, para que quede más yerba de un costado. Vierta un poco de agua en la parte con menos yerba. Tome la bombilla, tape su boquilla y penétrela allí hasta el fondo.

El cebado: al agua hay que echarla cerquita de la bombilla, intentando que la yerba de arriba se moje lo menos posible. Llegará un momento en que esto será inevitable, el mate se irá lavando de pasada en pasada, hasta que usted estará sorbiendo una sopa verde con palos flotantes. Hay gente que evita llegar a esta instancia y cambia la yerba cuando ve que se está lavando. Yo al mate lo quiero en todas sus instancias. Como es mi amigo, estoy con él en las buenas y en las malas. En la salud y en la enfermedad. No me disgusta llegar al momento en donde el mate tiene más gusto a agua que a mate. De hecho, me agrada ¿Sacrilegio? No lo sé. Para mí el sacrilegio es tomar el mate dulce (peor si es con edulcorante), pero los gustos son los gustos. A mí me gusta agregarle yuyitos al mate (manzanilla, cedrón, un poco de lavanda) pero hay gente que, desprevenida o no avisada al respecto, lo escupe apenas lo prueba.

La bombilla NO SE MUEVE. Nunca. No es el sorbete de un daiquiri. Déjela tranquila en su sitio.

*el sorbete que se utiliza para beber la infusión. Lo aclaro por si me lee alguien de Australia, Croacia, Singapur, Serbia o Montenegro.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s