Sobre la bici, ayer y hoy

Se llama Chola, yo le digo Cholita. Es una de mis nuevas mejores amigas. Después de una lesión en la rodilla es mi aliada. Yo la rehabilité a ella, que estaba recluida y olvidada en un rincón de un departamento, y ella me rehabilita a mí. Una amorosa simbiosis.

Cholita

La GT Avalanche 2.0, modelo 2012, es una bicileta de montaña. Cuadro de aluminio, frenos Shimano, con horquillas delanteras fijas sin suspensión que mantienen bien pegada la rueda delantera al terreno y la hacen muy sensible a las irregularidades del suelo porteño. Tiene un peso aproximado de 15 kilos.

No hay nada como el combustible oxigenosanguíneo. Sentir el viento en la cara, los aromas cambiantes, los relieves del suelo, el trabajo de los músculos en los brazos y en las piernas. Saber que estamos ejercitándonos y transportándonos al mismo tiempo: siendo eficientes. Creernos vulnerables e invencibles al mismo tiempo. Sabernos héroes que se caen y vuelven a levantarse, que persisten, que continúan pedaleando y pedaleando y pedaleando sin importar las circunstancias. Los golpes y cicatrices como heridas de guerra, las marcas de grasa como tatuajes inevitables.

Me subo a ella como se sube un gaucho curtido a un caballo. Jinete feliz en control sobre su potro de aluminio. El ruido de la cadena indica el comienzo de una aventura compartida. A veces, en la seguirdad de las bicisendas. Otras, por las calles de la urbe haciendo slalom entre autos y baches. Lejos de los caminos bicicleteros, pedalear es como practicar esquí fuera de pista. Algo de eso nos gusta y nos llena de adrenalina. Arribar a destino es alcanzar la planicie nevada luego de una intenso y hermoso descenso por la montaña escarpada. Satisfacción plena y el deseo permanente de volver a subir.

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Susan B Anthony

Susan B. Anthony andaba en bicileta y era feliz. Reconocida sufragista y líder de la lucha por los derechos de las mujeres, vivió en los Estados Unidos en el siglo diecinueve. En 1863 fundó la Women’s Loyal National League que juntó cerca de 400.000 firmas para apoyar la abolición de la esclavitud. Creó la International Council of Women, que sigue activa hasta el día de hoy. Severeamente ridiculizada, nunca mermó sus esfuerzos y se ganó el respeto internacional con su incansable trabajo. Celebró su cumpeaños número 80 en la Casa Blanca invitada por el presidente William McKinley, y su rostro figuró en la moneda de un dólar de 1979.

Moneda Susan Anthony final

Creo que ha hecho mucho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo. Le da a las mujeres un sentimiento de libertad e independencia. Es la imagen de la femineidad libre y sin límites.

En la época de Susan el rol de la mujer se limitaba a tareas domésticas. Pero claro, llegó el momento en donde ellas comenzaron a cuestionar estas estrucutras y a exigir un lugar en la esfera pública. La bici se transformó en un emblema de esta batalla. Sobre dos ruedas, las mujeres manejaban su destino y alcanzaban una autonomía hasta el momento fuera de su alcance. Con las manos en el manubrio, la mujer reivindicaba el control sobre su cuerpo y su destino.

Pedalear con polleras y vestidos largos era imposible y muchas mujeres se calzaron el pantalón para andar tranquilas y cómodas. Para muchos y muchas esto era un escándalo. Este vestuario indecoroso y con aires “masculinos” fue revolucionario en el 1800. Un potente desafío simbólico a las nociones imperantes sobre femineidad y los preceptos victorianos que guiaban las conductas de las mujeres en ese momento.

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Annie “Londonerry” Kopchovsky era una diligente ama de casa, pero un día oyó una conversación y tuvo que tomar el desafío. Dice la leyenda (bueno, eso dijo ella a los periódicos) que Annie escuchó a dos hombres apostando que ninguna mujer podía recorrer el mundo en bicicleta y, al mismo tiempo, ganar $5000 en el camino. Dejó a su marido y a sus hijos (escándalo nacional) y se embarcó (bicicleteó) en su periplo maravilloso.

¿Ah no? ¿Que no se puede?, le gritó Annie a esos dos muchachos altivos.

En polleras largas, Annie se subió a su bici para demostrarle al universo, en ese momento, dominado y controlado mayoritariamente por hombres, que las mujeres eran perfectamente aptas física, mental y financieramente para moverse por la vida sin la ayuda de nadie. Se las arregló para vender agua en el camino, contratada por la compañiía Londonerry Lithia Spring Water, de allí su sobrenombre.

Pedaleó por Europa y el norte de África y navegó en el Pacífico Sur antes de volver a EEUU por San Francisco.

En París tuvo un pequeño altercado con tres hombres que la abordaron portando armas y máscaras. Uno de ellos tomó la rueda delantera de su bicileta y la arrojó al suelo. Ella llevaba su propio revolver y lo apretó contra las sienes del hombre que tenía a su alcance. Pero otro sujeto la tomó por detrás y le quitó la pistola. Revolvieron sus bolsillos pero sólo encontraron 3 francos que amablemente, y a pesar de la violencia precendente, le devolvieron. La caída lesionó su hombro y esguinzó su tobillo. Pero, como Maradona en el Mundial 90, ella prosiguió su camino con la fortaleza de los héroes.

Corajuda, esta Annie.

La experiencia la marcó y la transformó de una manera profunda. Dejó la pollera, se puso el pantalón, y siguió bicicleteando más y más kilómetros. Llegó a convertirse en una popular defensora tanto del ciclismo como de los derechos de las mujeres.

Kopchowsy en pantalones

El viaje más extaordinario jamás realizado por una mujer (The New York World, 1895)

Mientras comenzaba el mundo moderno, en 1890, Nueva York se iba convirtiendo en el epicentro y vanguardia de todos los cambios radicales de esa época. El voto femenino estaba a la vuelta de la esquina, el Madison Square Garden era la sede de increíbles shows deportivos y Broadway ya era sinónimo del mejor tearto internacional.  En este terreno cambiante pedaleaba Annie, que espoleó el esponsoreo del ciclismo femenino, inexistente hasta entonces, con la fuerza de una cowboy encolerizada.

La estrella deportiva más infame, sospechada fabuladora, exagerada, misteriosa, enigmática, increíble: Annie colmó todos los titulares de los diarios y la queremos porque llevó el ciclismo femenino a otro nivel.

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Bycicling for ladies (ciclismo para las damas) fue un hermoso manual que escribió Maria Ward en 1896, enseñándole a las mujeres todo lo que tenían que saber para comprar, manejar y mantener a sus aliadas emancipatorias. Cómo elegir una bicileta; cycling etiquette;las leyes de la mecánica y la fisiología; entre otros temas fascinantes.

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Ellas tenían la habilidad para coser y tejer, pero las tareas mecánicas, consideradas dominio de los hombres, estafan fuera de su rutina cotidiana. Pero “cualquier mujer que es capaz de utilizar una aguja y tijeras puede también manejar otras herramientas con igual precisión”, dijo Maria, y entonces cállense y déjennos engrasarnos libremente con las cadenas liberadoras de nuestras amadas biciletas.

¿Quieren hojear este maravilloso libro? Pueden hacerlo acá.

 

 

 

 

 

 

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