Libros, books, livres

No hay comentarios

Captura de pantalla 2018-03-08 a las 11.32.05

En mi escritorio tengo quince libros en francés al lado de una Torre Eiffel decorativa, de hierro, que compré, obviamente, en París. Ahí están, me dicen Bonjour y Bonsoir muy educadamente todos los días.

En mis bibliotecas tengo más libros en inglés que en español. Noté el desequilibrio hace poco. Me propuse ajustarlo.

No hablo de mis libros para jactarme de cierta “intelectualidad”. Detesto esa palabra y ese adjetivo. Mis bibliotecas no buscan impresionar a nadie. Una amiga escritora y lectora me dijo una vez: es que nosotras no somos intelectuales, somos curiosas. Y aquellas palabras fueron un bálsamo para mí. En ese momento estaba leyendo un libro sobre la inteligencia de las plantas.

Escribo sobre mis libros porque me siento acompañada por ellos. Tenía una Kindle que perdí; tal vez la dejé perderse porque nunca me acostumbré a ella. Sí, el papel, el olor, el peso, la posibilidad de escribir y de subrayar, de saber cuánto leí y cuánto me falta para terminar la lectura. Poder postear en este blog citas de grandes libros, transcribiendo palabras subrayadas con lápiz negro. La oportunidad de ser selectivos en vez de tener todas las opciones disponibles y así no pensar realmente qué libros significan algo para nosotros. Es un acto de estimación y de valor. Todo esto no tiene parangón. Me gusta usar la palabra parangón, aunque sea fonéticamente fea. Hace unos días entré en una librería y vi una colección hermosa de libros de Charles Dickens y Jane Austen, entre otros. Tapa dura, tela, colores gratos, hojas gruesas. Ahhhhh.

¿Hay palabras tan potentes como hardbacks y paperbacks? Son animalitos amigables, que se retuercen, pesan, poseen espaldas flexibles o rígidas, son anfibios y mamíferos.

Apuesto por ellos. Me resisto a la idea de que desaparecerán. Soy consciente de que cada vez se lee menos. Mi desafío es aceptar, si planeo continuar con el oficio de escribir, que en los años venideros habrá que reformatearlos, transformarlos en otra cosa, tal vez más breve, más móvil, más efímera y más visual.

***

Un artículo de The Guardian alerta que las Kindles perdieron su brillo. Ahora se ven clunky (toscas) y unhip (fuera de moda). Parece ser que hay un resurgimiento del libro objeto y que las ventas de ebooks han estado precipitándose.

No lo sabía, pero hubo un Netflix de libros llamado Oyster. No duró ni un año.

#Bookstagram muestra fotos de libros: en paisajes maravillosos, con tazas de café, con croissants, con ramos de flores o solitos. También hay Kindles, pero no son atractivas.

La gente exhibe sus libros como si fueran obras de arte. Todos quieren tener libros sexys. Esto es parte del fetichismo del libro objeto, un fetichismo que yo sufro. Me parece superior al fetiche por los zapatos. Aunque la compulsión de comprar libros es una especie de ludopatía preocupante. El renacimiento de las librerías independientes se comprende en este contexto: suelen ofrecer experiencias más “curadas” y estilizadas. Frente a la presión no hay que claudicar, hay que aumentar la apuesta.

Los libros para niños no funcionan bien en formatos digitales. La escena de un niño hundiendo su nariz en un libro es maravillosa. Se zambullen y se pierden en esa experiencia. Vean esa escena: díganme si no es preciosa.

Vean esto.

Hay una excepción híbrida: los audiobooks. Sus descargas aumentaron en un 28% en el Reino Unido.

“Queremos que la gente lea, no importa cómo. Sabemos que la gente que lee eventualmente comprará libros”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s