También esto pasará. Milena Tusquets

Siempre he pensado que los que dicen “te quiero mucho”, en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el “mucho”, que en este caso significa “poco”, por timidez o por miedo a la contundencia de “te quiero”, que es la única manera verdadera de decir “te quiero”.

Que yo sepa, lo único que no da resaca y que disipa momentáneamente la muerte-también la vida-es el sexo. Su efecto fulminante lo reduce todo a escombros. Pero sólo durante unos instantes, o como mucho, si te duermes después, durante un rato. Luego, los muebles, la ropa, los recuerdos, las lámparas, el pánico, la pena, todo lo que había desaparecido en un tornado como el del Mago de Oz, baja y vuelve a ocupar su lugar exacto, en la habitación, en la cabeza, en el estómago.

Lo que, en teoría, sólo ocurrió una vez en la historia de la humanidad, dejar de ir a cuatro patas, ponerse en pie y empezar a pensar, a mí me ocurre cada vez que aterrizo del amor. Cada vez, un aterrizaje forzoso.

Llevo encima el sudor de la noche y del hombre toro con el que he dormido, meto la nariz dentro del cuello de la camiseta y reconozco el olor ajeno, las huellas invisibles de la alegre invasión de mi cuerpo por otro cuerpo, de mi piel-tan dócil y permeable-por otra piel, de mi sudor por un sudor distinto. A veces, ni la ducha logra borrar esa presencia, y paso días percibiéndola, cada vez más lejana, como un vestido indecente y favorecedor, hasta que desaparece del todo.

No le digo que ya no me creo el amor de nadie, que hasta mi madre dejó de quererme durante un tiempo, que el amor es lo menos fiable del mundo.

Óscar es uno de los pocos hombres adultos que conozco que puede poner cara de ilusión. La cara de ilusión es una de las más difíciles de fingir y va desapareciendo a medida que desaparecen las ilusiones, las verdaderas, las infantiles, y son sustituidas por meros deseos.

¿Seguirá allí el mismo mar, a pesar de tu ausencia?¿O se habrá replegado sobre sí mismo, hasta hacerse tan pequeño como una servilleta pulcramente doblada y te lo habrás llevado también, metido en el bolsillo?

Una de las mejores maneras de descubrir los rincones secretos de tu propia ciudad, no los románticamente secretos, los de verdad improbables, en enamorándote de un hombre casado.

Casi he olvidado el desorden de los primeros besos, la precipitación y los maratones que preceden el aprendizaje de la lentitud y de la inmovilidad, de los gestos precisos como los de un cirujano, cuando pasamos de follar sólo con el cuerpo a follar también con la cabeza.

Todos parecemos más jóvenes cuando somos felices, pero en el caso de Elisa puede pasar de cinco a cinco mil años en dos minutos, casi nunca está en medio, será una anciana con cara de ardilla lista.

Cada uno de nosotros tiene un tema principal, un hilo conductor, un estribillo, un perfume propio que lo envuelve, una música de fondo que lo acompaña siempre, inalterable, silenciada a veces, pero persistente e inevitable.

Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante. Coloca a un hombre en medio de una calle y pregúntale: “¿Qué ves? Y en su respuesta estará todo, como en un cuento de hadas. Lo que pensamos no es tan importante, es lo que vemos lo que cuenta.

Si te gustan las personas, es imposible que no te gusten los perros.

Flota en el ambiente algo de la solemnidad y del estupor que provoca siempre cualquier alumbramiento, humano o animal. La sensación, falsa, claro, de estar a punto de poder rozar con la punta de los dedos el principio de todo, la bienaventuranza.

Hay hombres que no tienen radar sexual, o que apenas lo usan, sólo cuando lo necesitan, y luego lo apagan. Y hay otros que lo tienen encendido permanentemente, incluso cuando duermen, en la cola del supermercado, delante de una pantalla de ordenador, en la sala de espera del dentista, dando vueltas enloquecido, emitiendo y recibiendo ondas. La civilización subsiste gracias a los primeros, el mundo gracias a los segundos.

La tristeza hace que todo pese dos toneladas…Siempre agradezco que no se haga un espectáculo de la pena, ni de la solidaridad, no hacerlo con el amor es más difícil, hay algo fluorescente en la pareja de amantes, como si estuviesen en el centro justo de un remolino, como si ningún viento las pudiese arrastrar, nunca somos tan poderosos como cuando estamos enamorados y somos correspondidos…sólo el breve chispazo del sexo puede servir de sustituto, el amor de baja intensidad no sirve porque no existe.

La idea loca de que el amor es lo único que nos salvará. Los tíos, y algunas tías listas, saben que el trabajo, la ambición, el esfuerzo y la curiosidad también nos salvan. Nadie puede vivir sin determinada dosis de amor y de contacto físico. Por debajo de cierto nivel, nos pudrimos.

Nunca volveré a ser mirada por tus ojos.

La vida en un hospital va más deprisa que fuera…vida y muerte, como el Correcaminos y el Coyote de los dibujos animados, celebran carreras enloquecidas por los asépticos pasillos, esquivando, frenéticas y excitadísimas, a las enfermeras y a los visitantes, derrapando y jodiéndonos la vida.

Pero los que tuvimos la suerte de poder vislumbrar por el agujero de la cerradura de nuestra infancia los últimos coletazos del espíritu de los sesenta, la libertad sexual, la libertad a secas, las ganas de divertirse, el poder para los jóvenes, el atrevimiento, no salimos indemnes. Todos tenemos paraísos perdidos en los que nunca hemos estado.

No hay fisuras, no hay dudas, se reúnen cada semana para ver el fútbol y para tomar cerveza. A veces, envidio un poco la amistad masculina, parece un camino más llano y sencillo que la amistad entre mujeres. Lo nuestro es como un noviazgo eterno, accidentado, intenso y pasional, mientras que lo de ellos se suele parecer más a un matrimonio bien avenido, sin grandes emociones tal vez, pero sin grandes altibajos.

El sexo me gusta porque me clava en el presente.

Y nuestra historia, que después de un par de meses había empezado a agonizar-la mayoría de los amores o duran dos meses o duran toda la vida-, resucitó con el fulgor de lo imposible, lo inalcanzable y lo mítico.

Me llega un mensaje suyo. Acaba de llegar, tiene muchas ganas de verme. Y mi cabeza deja paso a mi cuerpo…como por arte de magia, mi sangre congelada empieza a circular de nuevo.

Pienso que tal vez podría pararme y proponerle ir a tomar algo (y emborracharnos y contarnos nuestras vidas con entusiasmo y a trompicones, y rozarnos distraídamente las manos y las rodillas, y mirarnos a los ojos un segundo más de lo correcto y besarnos y follar precipitadamente en algún rincón del pueblo como cuando era joven, y enamorarnos y viajar y estar siempre juntos y dormir apretados y tener un par de hijos más y, finalmente, salvarnos), pero sigo caminando sin darme la vuelta.

La primera corona que perdemos, y tal vez la única imposible de recuperar, es la de la juventud; la de la infancia no cuenta porque de niños no somos conscientes del increíble botín de energía, fuerza, belleza, libertad y candor que al cabo de unos años será nuestro, y que los más suertudos dilapidaremos sin medida.

De todos modos, la ropa siempre es un sustituto del sexo, o un envoltorio para conseguirlo. Tal vez todo sea un sustituto del sexo: la comida, el dinero, el mar, el poder, el sexo. Abro un poco la cortina y dejo que el sol de verano, tan joven e insolente, tan exacto al de mi infancia, se desparrame por la habitación.

Cuando te enamoras-aunque ella se empeña en decir que no está enamorada, que es sólo un amante, otra señal de que sí lo está-nada de lo que piensas de la persona amada  coincide con la realidad, especialmente nada de lo que tiene que ver con su atractivo físico…el amor pone todos los marcadores a cero y, si hay suerte, el siguiente hombre volverá a ser el más guapo, sexy, listo, divertido y asombroso del mundo, aunque sea medio tonto y jorobado.

El mar, sumiso o furioso, triste o eufórico, escandaloso o tímido, salpicado de barcas o vacío y cansado, parece rendir pleitesía a un lugar que ni el tiempo ni las hordas de turistas han logrado humillar.

El mar está como un plato y brilla como si todas las estrellas de la noche anterior se hubiesen caído dentro.

Lo mejor de la belleza es que suele hacer que la gente se calle y se recoja.

Ojos cerrados, cabellos de medusa bailando por encima de mi cabeza sumergida, cuerpo por fin ingrávido, me acoge, me bendice y me disuelve. Me pregunto si será el mar mi último amante.

De repente, me parece que, sin querer, estoy presenciando un acto de sometimiento voluntario, algo levemente erótico e impúdico que sólo debería ocurrir en la cama y en privado, un acto mucho más íntimo que bañarse en pelotas, una especie de servicio.

Siento la felicidad boba e irresponsable de los despertares que suceden a las noches de muchos besos y algunos mordiscos.

No follo con nadie como contigo.  -Sigo sin entender que lo que mi cuerpo afirma, cada vez de un modo irrefutable, que estoy hecha para este tío, la vida, después, se empeñe en negarlo con una vehemencia también indiscutible…Que sigamos atrayéndonos de esta manera después de tantos años es mucho…Pero no nos soportamos. Tú no me soportas. Y me sacas de quicio, nadie ha conseguido sacarme tanto de quicio.

Pienso en la buhardilla de madera y luz en la que vivo con los niños como en una pequeña madriguera confortable colgada entre los árboles, que huele a grosella y a rosa y a galletas maría y que el olor de madera y pimienta y musgo de un hombre perturbaría. Yo no puedo dejar mi buhardilla, me encanta.

La observación, no sólo el amor, nos hace dueños de las cosas, de las ciudades que hemos visitado, de las historias que hemos vivido, de la gente, de todo. Todas las cosas por las que has pasado sin indiferencia, con atención, son tuyas. Las puedes convocar cuando te dé la gana.

Con cierta heroicidad estúpida, no reniego de ninguno de mis amores ni de ninguna de mis heridas. Sería como renegar de mí misma.

De repente, vuelvo a estar en el terreno de juego, donde me siento tan cómoda y segura…algunas de las certezas más fulgurantes de mi vida me han venido mientras jugueteaba.

Ya no es un todo, es sólo un conjunto de cualidades y defectos.

Nos convertimos en una generación perdida de seductores natos. Tuvimos que inventar métodos mucho más sofisticados que simplemente tirar de la manga o echarnos a llorar…A veces me pregunto qué ocurrirá cuando esta nueva generación de niños cuyas madres consideran la maternidad una religión…mujeres cuyo único interés y preocupación y razón de ser son los niños…que inundan las redes sociales de fotos de sus retoños…de sus hijos en el váter o sentados en un orinal (no hay amor más impúdico que el amor maternal contemporáneo) crezcan y se conviertan en seres humanos tan deficientes, contradictorios e infelices como nosotros, tal vez más incluso, no creo que nadie pueda salir indemne de que le fotografíen cagando.

La tristeza vaga y persistente que me acompaña desde tu muerte, que intento sacudirme pero cuyas partículas vuelven a posarse siempre, exactas, en el mismo sitio.

Érase una vez, en un lugar muy lejano, tal vez China, había un emperador poderosísimo y listo y compasivo, que un día reunió a todos los sabios del reino, a los filósofos, a los matemáticos, a los científicos, a los poetas, y les dijo: “Quiero una frase corta, que sirva en todas las circunstancias posibles, siempre”. Los sabios se retiraron y pasaron meses y meses pensando. Finalmente, regresaron y dijeron al emperador. “Ya tenemos la frase, es la siguiente: “También esto pasará”…”El dolor y la pena pasan, como pasan la euforia y la felicidad”, Ahora sé que no es verdad. Viviré sin ti hasta que me muera.

 

 

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Las partículas elementales. Michel Houellebecq

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A través de una obra ficcional, con elementos de Ciencia Ficción, el autor critica los puntos débiles de la sociedad  de los 60s/70s y, al mismo tiempo, plantea cuesitonamientos sobre adónde y hasta qué extremos puede llevarnos la nueva era de la ciencia moderna.

Hoy cabría reflexionar:

¿No estamos viviendo ya otra mutación metafísica: la de la era digital?


 

Las mutaciones metafísicas -es decir, las transiciones radicales y globales de la visión del mundo adoptada por la mayoría- son raras en la historia de la humanidad. Como ejemplo, se puede citar la aparición del cristianismo. En cuanto se produce una mutación metafísica, se desarrolla sin encontrar resistencia hasta sus últimas consecuencias. Barre sin ni siquiera prestarles atención los sistemas económicos y políticos, los juicios estéticos, las jerarquías sociales. No hay fuerza humana que pueda interrumpir su curso…,salvo la aprición de una nueva mutación metafísica. No se puede decir que las mutaciones metafísicas afecten especialmente a las sociedades debilitadas, ya en declive. Cuando apareció el cristianismo, el Imperio romano estaba en la cúspide de su poder; perfectamente organizado, dominaba el universo conocido; su superioridad técnica y militar no tenía parangón. aún asií, tampoco tenía la menor oportunidad. Cuando apareció la ciencia moderna, el cristianismo medieval constituía un sistema completo de comprensión del hombre y el universo; servía de base al gobierno de los pueblos, producía conocimientos y obras, decidía tanto la paz como la guerra, organizaba la producción y distribución de los bienes; nada de todo esto iba a impedir que se viniera abajo.

Mutaciones metafísicas
Cristianismo
Imperio Romano
Ciencia Moderna


El relato de una vida humana puede ser tan largo o tan breve como uno quiera. Naturalmente se recomienda, por su extrema brevedad, la opción metafísica o trágica, que se limita al fin y al cabo a las fechas de nacimiento y muerte grabadas clásicamente en una lápida. En el caso de Martin Ceccaldi, parece oportuna invocar una dimensión histórica y social, poniendo el acento no tanto en las características personales del individuo como la evolución de la sociedad de la cual es elemento sintomático. Arrastrados por la evolución histórica de su época y, a la vez, habiendo decidido formar parte de ella, los individuos sintomáticos llevan, por lo general, una vida simple y feliz; el relato clásico de sus vidas puede ocupar una o dos páginas. Janine Ceccaldi, por su parte, pertenecía a la desalentadora categoría de los precursores. Muy bien adaptados, por una parte, al modo de vida mayoritario de su época, intentando a la vez sobrepasarlo “por arriba” a base de preconizar nuevos comportamientos o popularizar comportamientos todavía poco practicados, los precursores necesitan, por lo general, una descripción algo más larga, puesto que su recorrido suele ser más atormentado y confuso. Empero sólo tienen un papel de acelerador histórico-normalmente, acelerador de una descomposición histórica-y nunca pueden imprimir una nueva dirección a los acontecimientos; ese papel está reservado a los revolucionarios o a los profetas.

Individuos
Sintomáticos
Precursores
Revolucionarios


Prácticamente todas las sociedades animales funcionan gracias a un sistema de dominación vinculado a la fuerza relativa de sus miembros. Este sistema se caracteriza por una estricta jerarquía; el macho más fuerte del grupo se llama animal alfa; le sigue el segundo en fuerza, el animal beta, y así hasta el animal más bajo en la jerarquía, el animal omega. Por lo general, las posiciones jerárquicas se determinan en los rituales de combate; los animales de bajo rango intentan mejorar su posición provocando a los animales de rango superior, porque saben que en caso de victoria su situación mejorará. Un rango elevado va acompañado de ciertos privilegios: alimentase primero, copular con las hembras del grupo. No obstante, en animal más débil puede evitar el combate adoptando una postura de sumisión (agacharse, presentar el ano). Bruno se hallaba en una situación menos favorable. La brutalidad y la dominación, corrientes en las sociedades animales, se ven acompañadas ya en los chimpancés (Pan troglodytes) por actos de crueldad gratuita hacia el animal más débil. Esa tendencia alcnaza el máximo en las sociedades humanas primitivas y entre los niños y adolescentes de las sociedades desarrolladas. Más tarde aparece la piedad, o identificación con el sufrimiento del prójimo; esta piedad se sistematiza rápidamente en forma de ley moral (…) a Jean Cohen no le parecía abusiva en absoulto la utilización que los Nazis habían hecho de Nietszche; al negar la compasión, al situarse más allá de la ley moral, al establecer el deseo y el reino del deseo, el pensamiento de Nietszche conducía naturalmente al nazismo, en su opinión.

Sistema de Dominación
Animal alfa
Animal beta
Animal omega


 

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Las mujeres
que tenían veinte años en torno a la “época del 68” se encontraron, al llegar a los cuarenta, en una enojosa situación. Por lo general divorciadas, casi nunca podían contar con esa conyugalidad -cálida o miserable-cuya desaparición habían acelerado todo lo posible. Formaban parte de una generación que había proclamado la superioridad de la juventud sobre la edad madura -la primera generación que lo había hecho hasta ese extremo-,y no era de extrañar que la generación que venía detrás la despreciara. El culto al cuerpo que habían contribuido tanto a establecer las llevaba, a medida que se marchitaban, a experimentar una repugnancia cada vez más viva hacia sí mismas; una repugnancia semejante a la que leían en las miradas ajenas.

Superioridad de la juventud
Culto al cuerpo

Nunca, en ninguna época y en ninguna otra civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad; la gente tiene en la cabeza una idea muy simple del futuro: llegará un momento en que la suma de los placeres físicos que uno puede esperar de la vida sea inferior a la suma de los dolores. Este examen racional de placeres y dolores, que cada cual se ve empujado a hacer tarde o temprano, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio. Es divertido observar que Deleuze y Debord, dos respetados intelectuales de fin de siglo, se suicidaron sin motivos concretos, sólo porque no soportaban la perspectiva de su propia decadencia física.

La edad
Los placeres físicos


 

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Bruno:

-Siempre me ha sorprendido -empezó sin sentarse siquiera -la extraordinaria percisión de las predicciones que hizo Aldous Huxley en Un Mundo Feliz. Es alucinante pensar que ese libro fue escrito en 1932. Desde entonces, la sociedad occidental no ha hecho otra cosa que acercarse a ese modelo. Un control cada vez más exacto de la procreación que cualquier día acabará estando completamente disociada del sexo, mientras que la reproducción de la especie humana tendrá lugar en un laboratorio, en condiciones de seguridad y fiabilidad genética totales.

Desaparecerán las relaciones familiares, las nociones de paternidad y de filiación. Gracias a los avances farmacéuticos, se eliminarán las diferencias entre las distintas edades de la vida. En el mundo que describió Huxley, los hombres de sesenta años tienen el mismo aspecto físico, los mismos deseos, y llevan a cabo las mismas actividades que los hombres de veinte años. Después, cuando ya no es posible luchar contra el envejecimiento, uno desaparece gracias a una eutanasia libremente consentida; con mucha discreción, muy deprisa, sin dramas. La sociedad que describe Brave New World es una sociedad feliz, de la que han desaparecido la tragedia y los sentimientos violentos. Hay total libertad sexual, no hay ningún obstáculo para la alegría y el placer. Los breves momentos de depresión, de tristeza y de duda se pueden tratar fácilmente con ayuda de fármacos; la química de los antidepresivos y de los ansiolíticos ha hecho considerables progresos (…) Es exactamente el mundo al que aspiramos actualmente, el mundo en el cual desearíamos vivir (…) El universo de Huxley se suele describir como una pesadilla totalitaria, que se intenta hacer pasar ese libro por una denuncia virulenta; pura y simple hipocresía. Brave New World es para nosotros un paraíso, es exactamente el mundo que estamos intentando alcanzar, hasta ahora sin éxito.

Pero, con el desarrollo de la robotización y el maquinismo, cambia el sistema de valores basado en la división de la sociedad en castas, dedicadas a tareas diferentes siguiendo su naturaleza genética. Esto es lo que Huxley no pudo ver. Los personajes de Huxley son insípidos y mecánicos. Pero el autor tuvo una intuición fundamental: que la evolución de las sociedades humanas estaba desde hacía muchos siglos, y lo estaría cada vez más, en manos de la evolución científica y tecnológica, exclusivamente. Fue el primer escritor, incluidos los escritores de ciencia ficción, en entender que el papel principal, después de la física, lo iba a desempeñar la biología.

                                                                                           La evolución de las sociedades humanas
                                                                            en manos de la evolución científica y tecnológica

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Aldous Huxley
Uno de los pensadores más influyentes del siglo

Michel:

-Huxley pertenecía a una gran familia de biólogos ingleses. Su abuelo era amigo de Darwin, escribió mucho para defender las tesis evolucionistas. Su padre y su hermano Julian también eran reputados biólogos. Intelectuales pragmáticos, liberales y escépticos. Huxley tuvo la oportunidad de ver a los economistas, juristas y sobre todo científicos que su padre invitaba a la casa. Era sin duda el único capaz de presentir los avances que iba a hacer la biología.Julian escribió Lo que me atrevo a pensar (1931), de Julian Huxley un año antes que Un mundo feliz (1932). En él están esbozadas todas las ideas sobre el control genético y el perfeccionamiento de las especies, incluida la humana. Todo presentado sin ambigüedad, como una meta deseable hacia la que deberíamos tender.

Pero todo habría ido mucho más deprisa sin el nazismo. La ideología nazi contribuyó en gran medida a desacreditar las ideas de eugenismo y perfeccionamiento de la raza.

Huxley publicó Regreso a un Mundo Feliz (1946) donde presenta su primer libro como una denuncia, una sátira. Se convirtió así en el principal aval teórico del movimiento hippie (siempre había sido partidario de la completa libertad sexual y pionero en la utilización de drogas psicodélicas). Todos los fundadores de Esalen* lo conocían y estaban influidos por sus ideas. La New Age recogió todos los temas de Esalen. Aldous Huxley es uno de los pensadores más influyentes del siglo.

*Centro de educación alternativa en Big Sur, California, que promueve lo que Aldous Huxley llamó el movimiento del potencial humano. Promociona el armónico desarrollo de la persona entera. Abierto a formas de pensar más allá de las constricciones del pensamiento académico y dogmático. Apoya los sistemas alternativos para explorar la conciencia humana (medicina alternativa; filosofías orientales, yoga, técnicas psicológicas). Henry Miller era un visitante regular.


La mutación metafísica que originó el materialismo y la ciencia moderna tuvo dos grandes consecuencias: el racionalismo y el individualismo. El error de Huxley fue evaluar mal la relación de fuerzas entre ambas consecuencias. Más concretamente, su error fue subestimar el aumento del individualismo producido por la conciencia creciente de la muerte. Del individualismo surgen la libertad, el sentimiento del yo, la necesidad de distinguirse y superar a los demás. En una sociedad racional como la que describe Un Mundo Feliz, la lucha puede atenuarse. La competencia económica, metáfora del dominio del espacio, no tiene razón de ser en una sociedad rica, que controla los flujos económicos. La competencia sexual, metáfora del dominio del tiempo mediante la procreación, no tiene razón de ser en una sociedad en una sociedad en la que el sexo y la procreación están perfectamente separados; pero Huxley olvida tener en cuenta el individualismo. No supo comprender que el sexo, una vez disociado de la procreación, subsiste no ya como principio de placer, sino como principio de diferenciación narcisista; lo mismo ocurre con el deseo de riquezas. ¿Por qué el modelo socialdemócrata sueco no ha logrado nunca sustituir al modelo liberal?¿Por qué nunca se ha aplicado al ámbito de la satisfacción sexual? Porque la mutación metafísica operada por la ciencia moderna conlleva la individuación, la vanidad, el odio y el deseo. En sí, el deseo, al contrario que el placer, es fuente de sufrimiento, odio e infelicidad. Esto lo sabían y enseñaban todos los filósofos: no sólo los budistas y los cristianos, sino todos los filósofos dignos de tal nombre. La solución de los utopistas, de Platón a Huxley pasando por Fourier, consiste en extinguir el deseo y el sufrimiento que provoca preconizando su inmediata satisfacción. En el extremo opuesto, la sociedad erótico-publicitaria en la que vivimos se empeña en organizar el deseo, en aumentar el deseo en proporciones inauditas, mientras mantiene la satisfacción en el ámbito de lo privado. Para que la sociedad funcione, para que continúe la competencia, el deseo tiene que crecer, extenderse y devorar la vida de los hombres.

Materialismo
Ciencia Moderna
Racionalismo
Individualismo


 

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Como su maestro el marqués de Sade, todos eran materialistas absolutos, enamorados del placer en pos de sensaciones nerviosas cada vez más violentas. Según Daniel MacMillan, la progresiva destrucción de los valores morales de los años sesenta, setenta, ochenta y noventa era un proceso lógico e inexorable. Después de agotar los placeres sexuales, era normal que los individuos liberados de las obligaciones morales ordinarias se entregasen a los placeres, más intensos, de la crueldad; Sade había seguido una trayectoria análoga dos siglos antes. En ese sentido, los serial killers de los años noventa eran los hijos bastardos de los hippies de los años sesenta; y sus antepasados comunes eran ciertos artistas vieneses de los años cincuenta. So capa de acciones artísticas, Nitsch, Muehl o Schwazkogler organizaron masacres de animales en público (…) Esta voluntad dionisíaca de liberación de la bestialidad y del mal, iniciada por los accionistas vieneses, volvía a verse a lo largo de todos los decenios posteriores. Según Daniel MacMillan, la regresión de las sociedades occidentales desde 1945 no era otra cosa que un retorno al culto brutal de la fuerza, un rechazo a las reglas seculares lentamente erigidas en nombre de la moral y del derecho.

Accionistas vieneses, beatniks, hippies y asesinos en serie tenían en común ser unos libertarios integrales, que predicaban la afirmación integral de los derechos del individuo frente a todas las normas sociales, a todas las hiporesías que según ellos constituían la moral, el sentimiento, la justicia y la piedad. (…) Los asesinos seriales eran una desviación monstruosa de la experiencia hippie; su desenlace lógico.



El deseo y el placer
, que son fenómenos culturales, antropológicos, secundarios, no explican a fin de cuentas la sexualidad; lejos de ser factores determinantes, están sociológicamente determinados. En un sistema monógamo, romántico y amoroso, sólo pueden alcanzarse a través del ser amado, que en principio es único. En la sociedad liberal en la que vivían Bruno y Christiane, el modo sexual propuesto por la cultura oficial (publicidad, revistas, organismos sociales y de salud pública) era el de la aventura. Dentro de un sistema así, el deseo y el placer aparecen como desenlace de un proceso de seducción, haciendo hincapié en la novedad, la pasión y la creatividad individual (cualidades por otra parte requeridas a los empleados en el marco de la vida profesional). La desaparición de los criterios de seducción intelectuales y morales en provecho de unos criterios puramente físicos empujaba poco a poco a los aficionados a las discotecas para parejas a un sistema ligeramente distinto, que se podía considerar el fantasma de la cultura oficial: el sistema sádico. Dentro de este sistema todas las pollas están tiesas y son desmesuradas, los senos son de silicona, los coños siempre van depilados y rezumantes (…) El placer es cosa de costumbre.

El deseo
El placer

 

 

 

 

 

 

 

One Art. Elizabeth Bishop

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

***

Elizabeth Bishop (Pulitzer, 1956)

Elizabeth Bishop, “One Art” from The Complete Poems 1926-1979. Copyright © 1979, 1983 by Alice Helen Methfessel. Reprinted with the permission of Farrar, Straus & Giroux, LLC.

Jitterbug Perfume. Tom Robbins

This is the excerpt for your very first post.

“The beet is the most intense of vegetables. The radish, admittedly, is more feverish, but the fire of the radish is a cold fire, the fire of discontent not of passion. Tomatoes are lusty enough, yet there runs through tomatoes an undercurrent of frivolity.  Beets are deadly serious.
Slavic peoples get their physical characteristics from potatoes, their smoldering inquietude from radishes, their seriousness from beets.”

BeetWatercolor